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martes 31 de enero de 2012

Las Rallas

El día está frío pero soleado. Monto en el coche y me dirijo hacia las Bardenas. La niebla se ha adueñado de la carretera de Pamplona paralela al Ebro.Tomo el desvío a la derecha en el cartel indicador de Bardenas Reales de Navarra y, para cuando llego al centro de interpretación de Los Aguilares, luce de nuevo el sol aunque una tenue neblina parece proteger el interior del parque natural.

El termómetro marca cero grados y se me ha encendido la lucecita roja del salpicadero. En la bifurcación ante la entrada a las instalaciones militares giro a la derecha por la pista que da la vuelta al polígono de tiro. Al cabo de un par de kilómetros me paro y bajo del coche para hacer unas fotos en la Balsa de Zapata acercándome a la orilla. Procuro no hacer ruido pero, a pesar de ello, un par de ánades, al sentir mis pasos, levantan raudas el vuelo rompiendo con su aleteo el silencio que reina en el entorno.

Balsa de Zapata


Vuelvo al coche y prosigo hasta llegar al Rincón de las Rallas un poco más adelante. Junto a un corral en ruinas, estaciono mi vehículo, me calzo las botas y, cámara en ristre, tras asegurarme de haberlo dejado bien cerrado, emprendo mi recorrido a pie por una senda que bordea por detrás la zona de Sanchicorrota.


Sanchicorrota. Cerro de leyenda


Camino animosamente a través de un vasto rastrojo. A mi izquierda se yerguen Sanchicorrota y las estribaciones del Rallón. A la derecha los fantásticos farallones de la Ralla. Por el centro del valle discurre la Cañada de los Roncaleses de la que me separa un barranco de unos cuatro metros de profundidad.


Farallones de La Ralla


Ahora marcho por un espartal salteado de romeros buscando un lugar por donde cruzar la quebrada. Se ha esfumado el cautivador sosiego de la mañana. Los Phantom han comenzado su macabro entretenimiento poniendo las notas discordantes mientras los buitres, impertérritos, planean en las cumbres. El verde de los romeros, parcialmente en flor y ahora más abundantes, se ha impuesto al gris del esparto. Sigo una trocha marcada por huellas de herraduras de caballo y, por fin, encuentro el paso deseado para tomar la zigzagueante vía roncalesa que abandono antes de terminar la vaguada tomando una vereda que asciende a la cima del Rallón.

Cañada de los Roncaleses al pie de La Ralla

La empinada cuesta del Rallón


La cuesta es empinada y mi respiración se alborota por el esfuerzo. No sé si pesan los años o los kilos; me temo que las dos cosas. Llego sudoroso a la cumbre en la que se extiende un pequeño  altiplano alargado, poblado de matorrales, cincundado por la continuación del sendero que discurre contiguo a unos profundos precipicios que delimitan la planicie. Percibo el pavoroso estruendo de las bombas al estallar en la hondonada del polígono. Los aviones, cada dos o tres minutos parecen entrar en barrena y surgir de los acantilados después de dejar caer su mortífera carga sobre las dianas.

Punta de La Ralla

Desde la cima del Rallón, La Ralla y el embalse de Malvecino


Descanso unos instantes contemplando el panorama  que se extiende a otro lado del valle del que acabo de acceder. Sobre sus despeñaderos arcillosos, un llano mayor que el que me encuentro, configura La Ralla y al fondo se divisa el embalse de Malvecino perteneciente al pueblo aragonés de Pinsoro. Dirijo mis pasos hacia la punta norte de la meseta. Me topo con un abismo a mis pies al que me acerco con precaución. A mi derecha la punta de la Ralla y algo más adelante Los Angarillones y La Gorra; al frente Piskerra  y, más próximo, el Circo. La Bardena Blanca Alta se extiende perdiéndose en el horizonte hasta El Paso.


Desde el Rallón, el Circo y Piskerra
 
Piskerra


A causa de la neblina no distingo Castildetierra ni La Estroza, más lejana. Giro siguiendo la senda marcada contemplando los cortados en cuyo fondo, tras los montículos de Los Cambrones,  se prolonga la llanura de la Bardena Blanca Baja en la que se enclava el polígono de tiro desde el que se elevan dos humeantes columnas y tras ellas los cerros de Tres hermanos con las instalaciones militares.

Desde el Rallón, Los Cambrones y el polígono

Las bombas han estallado en la diana


Continúo en dirección sur hasta llegar a unas escarpaduras en forma de circo. Me asomo al precipicio y observo la presencia de un buitre en su nido en tanto otros, indiferentes al fragor de las aeronaves, sobrevuelan las crestas.  Al intuirme emprende el vuelo sin darme tiempo de preparar el zoom de mi cámara fotográfica y me tengo que conformar con la instantánea de un solitario huevo. Me causa extrañeza que no les incomoden el estruendo de los vuelos rasantes ni el sobrecogedor estrépito de las explosiones y sin embargo se asusten de mi presencia.
El buitre ha huido al aproximarme

El solitario huevo del buitre


Escorados hacia el sur los picos de Sanchicorrota, mi punto de partida, y cerrando el panorama La Nasa, Tripazul, el Rincón del Bú y la Plana de La Negra. Cruzo oblicuamente al otro lado del plano e inicio el descenso por el mismo itinerario por que he venido. Tras unas vacilaciones doy con el sendero que me permite atravesar el barranco y hollar de nuevo los rastrojos cercanos al lugar donde he dejado el coche.

De vuelta en el Rincón de las Rallas


Me cambio de calzado, bebo abundante agua y me pongo al volante. A mi casa tengo algo más de veinte kilómetros, pero me costará llegar tres cuartos de hora ya que debo marchar a velocidad reducida hasta tomar la carretera.


Este recorrido que he hecho en varias ocasiones, la última hace apenas dos años, es uno de los más espectaculares de las Bardenas Reales de Navarra, desconocido para muchos de los que vienen a visitarlas que se limitan a contemplar este panorama desde la pista que da la vuelta al polígono de tiro.

"Las Bardenas Reales de Navarra, Parque Natural y Reserva de la Biosfera, forman un territorio de excepcional valor ecológico, en el que durante siglos se han venido desarrollando aprovechamientos tradicionales. La conservación de este lugar, sometido a un frágil equilibrio en un medio natural extremo, es labor de todos, bardeneros y visitantes. Cuida y respeta, hasta el más mínimo detalle, todo lo que encuentres a tu paso." 

Esto es lo que dice el folleto de la Comunidad de Bardenas Reales de Navarra. Sorprende que este polígono de tiro, en el que se entrenan los cazabombarderos españoles y de la OTAN, esté ubicado en el centro del parque en el que además se encuentran enclavadas tres reservas naturales:  Vedado de Eguaras,  Rincón del Bú  y Caídas de La Negra. Sin lugar a duda, priman los intereses militares nacionales y económicos de los pueblos congozantes, a pesar de los acuerdos municipales en contra,  antes que los naturalísticos y ecológicos.

domingo 22 de enero de 2012

Cerro de Fontellas

He salido de la ciudad por el camino que transita entre los I.E.S. Benjamín de Tudela y Valle del Ebro, dejando a mi izquierda las piscinas municipales y los campillos entre los que se encuentra el del C.D. Lourdes. El Moncayo, desparecida su cima en combate con las nubes, ha doblado la cerviz mostrándonos tan solo su falda verdinegra. Dejo atrás la A-68 pasando bajo el puente y tomo el camino que atravesando la vía verde del Tarazonica conduce hacia la finca Las Coronas. Sin llegar a ella abandono esta ruta girando a la izquierda avanzando entre unos campos roturados con las fauces abiertas esperando los gérmenes de la nueva cosecha, otros de alcachofas que tratan de erguirse tras el mazazo de las últimas heladas y alguno de alfarce con un verdor agresivo.

Una nueva encrucijada me impele a hacer un nuevo giro a la derecha revelando una empinada cuesta que me lleva al puente del canal de Lodosa. Lo cruzo y sigo ascendiendo. Al llegar arriba me encuentro con una planicie donde se encuentran dos grandes cribas utilizadas para la selección de los áridos que se extraen en este pedregoso lugar. Un rótulo informa que es un sitio de adiestramiento de perros.

El canal desde uno de los  puentes

Prosigo por una senda no muy bien definida hacia una pista que asciende a un cerro más alto. Unas geométricas pacas de paja componen un gigantesco tetris vegetal junto  unos montones de estiércol. Ontinas y sisallos alternando con los cardos borriqueros conforman la flora de este pedregal.

Pacas de paja junto al camino

Llego a lo alto y me detengo para tomar resuello y contemplar el amplio panorama. Tudela y Fontellas en la hondonada con el Ebro poniendo límites a las Bardenas alineadas como telón de fondo. A mi espalda el Moncayo a medias intuído y los pueblos de Ablitas y Murchante delimitando el aeródromo militar del que acaba de despegar un avión con pintura de camuflaje. El ruido de sus motores rompe el suave ronroneo procedente de la autovía.

El avión militar acaba de despegar

Abandono la pista que se dirige a una huerta fotovoltáica y sigo por una confusa senda mal delimitada. Me he metido en un berenjenal. Estoy en un vertedero de materiales de construcción. Un nutrido grupo de palets conteniendo ladrillos cara vista, a mi juicio en muy buen estado, incluso tienen intacto el plástico que los envuelve. Trepo como puedo y llego a la cima de la escombrera. Las brillantes cintas de la autopista AP-68 ascienden a una pequeña loma para tomar impulso hacia Zaragoza. Se impone el descenso hasta el camino que discurre a los pies del alcor. Lo hago sin contratiempos. Junto a un montón de cascotes de desecho un letrero anuncia que el Ayuntamiento de Fontellas prohibe verter en este lugar basuras y escombros.

La doble ese de la AP-68

Continúo por el camino, dejo a mi derecha las instalaciones del club de tenis Cerro Fontellas, cruzo el puente del canal y tuerzo a la izquierda para emprender el retorno por la orilla del mismo. La andadura ahora es muy cómoda y agradable. La temperatura excelente. Me alejo del canal e inicio el descenso hasta el camino que paralelamente a la autovía se dirige hacia la ciudad.

Volviendo por la orilla del canal

Cercano ya al barrio de Lourdes me alcanza por detrás, en bicicleta,  un compañero de javierada. Charlamos un rato mientras caminamos y quedamos en vernos el próximo día de marcha. Me informa que él acudirá con la bicicleta porque no puede andar. Le comento el dolor que siento en el pie que se va acentuando después de casi tres horas de caminata. Nos despedimos y en un cuarto de hora, bordeando la Torre Monreal, llego a casa donde disfruto de una reparadora ducha antes de comer.  

martes 17 de enero de 2012

Las tres vuelticas

Existía  en algunos pueblos de Navarra  la costumbre de que los ganaderos y agricultores, en la festividad de San Antonio Abad, dieran tres vueltas con sus animales y ganados alrededor de la iglesia o de la ermita. En Tudela se instalaba un cruz para esa ocasión en la esquina de la Plaza Nueva, junto a la puerta de la iglesia del antiguo hospital de Nuestra Señora de Gracia.

Esta práctica de colocar la cruz ya se realizaba a finales del siglo XIX y estuvo vigente hasta el año 1965 puesto que,  al desaparecer los animales de carga empleados en las labores agrícolas, había caído en desuso 

La Orden del Volatín revitalizó esta usanza encargando el año 2002 la construcción de una cruz de madera de similares características a la utilizada anteriormente.  A partir de entonces, todos los años durante la mañana y la tarde del día 17 de enero, fiesta de San Antón,  puede verse a numerosos tudelanos que, con sus animales domésticos y mascotas, dan las habituales tres vueltas en torno a la cruz. 


Niñas dando las vuelticas con su mascota


En una mesa cercana, se extiende un certificado al propietario del animal con este texto:
"La Orden del Volatín de Tudela, fiel servidora de mantener, recuperar, potenciar y mejorar las tradiciones navarras con especial hincapié en las de Tudela y de la Ribera Navarra, CERTIFICA que: el ... (Clase de animal) de nombre ...., ha sido llevado por su dueño/a, a la tradición viva que se mantiene en Tudela de Navarra de dar tres vueltas alrededor de la Santa Cruz como acto de protección y respeto de los animales en el día de la festividad de San Antonio Abad."

Caballistas después de dar las tres vueltas


El costumbrista escritor tudelano José María Iribarren publicó la siguiente anécdota sobre este rito en su libro De Pascuas a Ramos:

"...En Tudela sigue plantándose la Cruz de San Antón en la esquina de la Plaza de los Fueros, frente a la puerta de la iglesia del Hospital. Como en este mismo lugar se detenía el autobús que hace servicio entre Pamplona y Zaragoza, ocurrió, hace unos años, que un viajero aprovechó la detención para entrar a desayunar en un bar que hay en la misma rinconada.

- ¿Para qué ponen esa cruz? - le preguntó al dueño del establecimiento.

- Porque hoy es San Antón, y las caballerías vienen a dar tres vueltas alrededor de ella.

Al viajante le agradó que en Tudela se conservase una costumbre tan tradicional.
Cuando nuestro viajero terminaba su desayuno, el automóvil puso el motor en marcha y tocó la bocina. Temeroso de quedarse en tierra, el hombre se levantó apurado, dejó en el mostrador un pesetón, y salió a la plaza corriendo. Como el desayuno valía sólo 1,50 el dueño asomó a la puerta y le gritó:

- ¡Oiga, oiga; las vueltas; que se deja usted las vueltas! 
- ¡Las vueltas que las dé su padre! - respondió amostazado el viajante, suponiendo que el barman tudelano era un guasón que le invitaba a dar las vueltas en torno a la columna del Santo.

(El sucedido es rigurosamente histórico)
En el mismo Tudela y en Ablitas siguen sacando por las calles el llamado cerdo de San Antón, que luego rifan..." 

Hasta aquí lo escrito por Iribarren. Actualmente el bar citado ya no existe, el pesetón (dos pesetas) tampoco y el lechón de la rifa no sale por las calles, pero sigue sorteándose este mismo día un cochino entero ya preparado, es decir, convertido en morcillas, chorizos, jamones, papada, lomo etc. etc. todo completo, e incluso algunas partes envasadas al vacío. 


El cerdo del sorteo parece sonreír complacido

Aquí los sonrientes somos nosotros


Causa gran satisfacción ver cómo todavía siguen conservándose tradiciones inveteradas a pesar de haberse modificado las condiciones de vida y cómo han sabido adaptarse a las actuales circunstancias con el fin de mantenerse vigentes para regocijo y disfrute de grandes y chicos.




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