domingo, 12 de mayo de 2013

El guardián invisible

Para los lectores amigos de la novela negra o de intriga esta es una obra que, con toda seguridad, colmará sus expectativas.

"Ainhoa Elizasu fue la segunda víctima del basajaun, aunque entonces la prensa todavía no lo llamaba así. fue un poco más tarde cuando trascendió que alrededor de los cadáveres aparecían pelos de animal, restos de piel y rastros dudosamente humanos, unidos a una especie de fúnebre ceremonia de purificación. Una fuerza maligna, telúrica y ancestral parecía haber marcado los cuerpos de aquellas casi niñas con la ropa rasgada, el vello púbico rasurado y las manos dispuestas en actitud virginal."

Así comienza esta novela en la que el atinado retrato psicológico de los personajes, las poéticas descripciones del incomparable marco del Valle del Baztán en Navarra, una compleja trama y la sensación de una invisible e inquietante presencia en las investigaciones componen los ingredientes necesarios para sumergirnos en una lectura apasionante que nos hace devorar sus páginas envueltas en el verde frescor de los bosques donde tienen su morada el basajaun, la diosa Mari, las lamias o las sorginak, en una sorprendente mezcla de magia y realismo.

Amaia Salazar, inspectora de la policía foral, se enfrentará, a lo largo de sus algo más de cuatrocientas páginas, con el encargo de esclarecer las muertes, en extrañas circunstancias, de unas niñas del valle, ocasionadas por un asesino en serie, y a las fobias que le causa el regreso a su tierra natal al rememorar su traumático pasado.

El río Baztán en Elizondo (Navarra)
En El guardían invisible la lectura es fácil y engancha desde el primer párrafo, acuciándonos el deseo de saber qué es lo que va a ocurrir en la siguiente página. El desenlace es lógico y sorprendente a la vez,  y cuando llegamos al final deseariamos continuar leyendo. Es lo que ha pretendido, y conseguido, la autora ya que se trata de la primera entrega de la anunciada trilogía del Baztán.

Con el transcurso del relato he recordado con agrado mis paseos por ese maravilloso valle durante mi breve estancia en Lekároz,  las sosegadas vacaciones con nuestros hijos en el Hotel Baztán, los recorridos  por la calle Santiago, al igual que Amaia, el tranquilo deambular al amparo de las casitas de Elizondo cuajadas de hortensias, y los bosques circundantes impregnados de la misteriosa mitología vasco navarra, lugares donde se desarrollan los hechos de la novela.

Presentación de "El guardián invisible" en Tudela
Dolores Redondo, natural de San Sebastián, residente en Cintruénigo, villa de la ribera de Navarra, ha pasado, en un breve lapso de tiempo, de presentar sus relatos cortos y cuentos infantiles en los concursos regionales, a ver cómo las editoriales más importantes de Europa y América se disputan su obra gracias a la buena acogida que tuvo en la feria de Frankfurt de 2011. Se ha comenzado a publicar este año en las cuatro lenguas españolas y se ha traducido a quince idiomas diferentes. Actualmente es el libro más vendido en el Círculo de Lectores, habiendo sido considerada en la fiesta de San Jordi en Barcelona como la novela revelación. Es autora también de Los privilegios del ángel.

El productor Peter Nadermann trata de repetir con los crímenes del Baztán el éxito conseguido con la trilogía Millenium, de Stieg Larsson, para lo cual se ha apresurado a adquirir los derechos cinematográficos de esta novela. 

Dolores Redondo firmando mi ejemplar

El día dieciocho del mes pasado, estuve en la presentación de este libro, por parte de su autora, en el Centro Cultural Castel Ruiz de Tudela. El acto resultó agradable y distendido. Las manifestaciones de Dolores fueron muy cercanas, muy del agrado de los asistentes. Adquirí un ejemplar y solicité su firma a lo cual accedió gustosamente. Hace unos días concluí esta novela, cuya lectura  que me ha proporcionado un grato y refrescante entretenimiento.

jueves, 9 de mayo de 2013

Época de verduras



                   

                      Tiempo es de hortalizas que tanto bien hacen

                      a nuestro organismo. Verdes alcachofas,
                   
                      habas y ajos tiernos, espárragos blancos,

                      guisantes lozanos y borrajas suaves

                      que en cercanos huertos se cultivan para

                      surtir nuestras casas de ricas verduras.

                      Campos de Tudela que, con los productos

                      del fértil terruño que el mítico Ebro

                      riega con primor, dais vida a vergeles

                      seguid aportando vuestros exquisitos

                      frutos para que mantengan incólume

                      su gran calidad las gloriosas huertas.



Felipe Tajafuerte
2013

lunes, 6 de mayo de 2013

La Torre Monreal

Hoy salgo a dar un paseo muy cerca de casa para acercarme hasta la Torre Monreal. Subo una empinada cuesta con escaleras en la parte derecha que me hace jadear por el esfuerzo; la jodida es corta pero exigente. Al llegar arriba, desecho la calle que conduce al barrio de Lourdes y giro a la derecha tomando un camino asfaltado entre pinos que, en unos metros, me sitúa junto a un torreón anclado en una terraza natural  en un claro del arbolado.

Unas barandillas de hierro protegen al visitante de una inoportuna caída por la abrupta pendiente. Me acerco dejando a mi espalda la fortaleza para contemplar, a mis pies, una panorámica espectacular:  la ciudad con su caserío, la nave de la catedral con sus ventanas ojivales y sus torres,  destacando sobre ellas la renacentista con su remate octogonal,  a lo lejos el monumento al Corazón de Jesús en el cerro de Santa Bárbara con los brazos extendidos, el río Ebro y en lontananza las Bardenas, inusualmente verdes.

La catedral, al fondo las Bardenas y entre ambas el Ebro
Doy una vuelta en derredor de la fortificación. Se trata de un torreón octogonal, de tres plantas, más una soterrada donde se encuentra el aljibe. Los tres cuerpos visibles son de piedra y ladrillo con remate almenado. Esta forma actual data de la reconstrucción efectuada durante la guerra carlista de 1873, ya que el edificio original era rectangular. A pesar de que la tradición tudelana asegura ser de origen árabe, no existe noticia de ella hasta el año 1237, por lo que la opinión que se impone, avalada por las excavaciones de 1984 y 1985, es la de que se trata de una fortaleza construida por los cristianos para atacar a la ciudad de Tudela, a la sazón en poder de los árabes.

Arriba de la torre el cubículo del tubo de la cámara oscura
La torre enclavada en la cima de un cerro cercano a Tudela es citada en antiguos documentos como "Torre del Mont Real", "Monte Real", "Montis Realis Tutele", o "Turris Monte Regalis", lo que nos da una idea clara del origen de su nombre. En otros documentos figura como la torre en el pueyo de Sancho, junto a la horca. Ha sufrido numerosas  reconstrucciones a lo largo de los siglos, la última en el año 2007 que se habilitó para su visita, como una especie de centro de interpretación de la zona, limpiando el aljibe e instalando una cámara oscura en el último piso.

La torre en un bonito entorno

Entre las diversas leyendas tudelanas figura una que sostiene que un pasadizo une esta atalaya, por debajo de la ciudad,  con el castillo situado en frente, en el cerro de Santa Bárbara, inexistente en la actualidad. En un lugar recóndito de este subterráneo se encuentra escondido el fabuloso tesoro del rey Sancho VII El Fuerte, el de las Navas de Tolosa.  Como es lógico, nunca se ha encontrado la abertura de este túnel ni, por supuesto, el tesoro.


Hasta el Corazón de Jesús dicen que llega el pasadizo
Recuerdo cuando, en nuestra niñez, jugábamos en este lugar, cercano a una cuesta que entonces se llamaba Cañada de la horca. La torre se encontraba medio derruida, vacía por dentro, y solamente se veía alguna viga de madera. Del aljibe no había ni rastro, puesto que el interior estaba lleno de escombros. Estaba hecha una verdadera ruina, sin embargo hoy da alegría verla tan limpia y acicalada en un bonito entorno.

Interior de la torre
Tomo un ticket y me uno a un grupo para visitarla por dentro. Es muy reducida, apenas setenta metros cuadrados. Hay unos paneles informativos de la historia de Tudela. Por unas escaleras de caracol metálicas, ubicadas en el centro, descendemos al fondo del aljibe, de forma circular, vacío y totalmente seco.

La escalera  de caracol
Por la misma escalera ascendemos hasta la planta intermedia. Solamente hay unos paneles con la historia de la torre. Parece ser que existe el plan de instalar aquí un pequeño museo con ropajes y utensilios de época, pero las arcas municipales están exhaustas y el proyecto duerme el sueño de los justos. Esperemos que no sea hasta el día del juicio final.

La cámara oscura
Subimos a la tercera y última planta donde está instalada la cámara oscura. ¡Y tan oscura! Todo es negro excepto la pantalla blanca a modo de una mesa cóncava. Sobre ella, en el techo, el tubo con salida al exterior, a modo de periscopio, donde se encuentran las lentes y los espejos que nos van a dar a conocer Tudela a vista de pájaro, en tiempo real. Vemos todo el ajetreo de la ciudad, los vehículos circulando, las aspas de los aerogeneradores moverse, una señora tendiendo, aves surcando el cielo, todo ello a nuestro alcance, sobre la mesa.

La ciudad en la pantalla
Vemos los monumentos del Corazón de Jesús y de María, frente a frente, en dos cerros separados por la ciudad. Un niño pregunta:

- Están la madre y el hijo, pero ¿donde está el monumento del padre, de San José?
- Niño, ya te irás dando cuenta de lo poco que pintamos nosotros -le digo yo-.


La primera vez que vi este artilugio fue en Cádiz, en la Torre Tavira y después en Lisboa, en el castilllo de San Jorge. En España solamente hay ocho cámaras oscuras y una de ellas la tenemos nosotros. Me contaron de un matrimonio de una localidad cercana que, estando de vacaciones en Cádiz, fueron a ver la cámara de la Torre Tavira. Allí escucharon estupefactos que tenían una semejante en Tudela, a cuatro kilómetros de su pueblo y no se habían enterado. 

Haciendo mis pinitos al mando del artilugio

Finalizada la visita a la Torre Monreal, nos dirigimos, para completar el programa, hacia la Casa del Almirante de la que ya hice una entrada anteriormente y después al palacio del Marqués de San Adrián. Para no extenderme demasiado, dejo para otro momento el relato de lo que que vimos en ese palacio, sede de la UNED de Tudela.      

Entrada relacionada:
La Casa del Almirante

viernes, 3 de mayo de 2013

Al pie del árbol

Os presento hoy la narración de una compañera, asistente durante este año, como yo, al taller de escritura creativa de Pepe Alfaro, que resultó triunfadora en el Concurso de Micorrelatos Castel Ruiz. De los treinta y cuatro que se presentaron en esta undécima edición, diez fueron los elegidos para las votaciones populares, y entre ellos también se encontraba el mío. A pesar de no haber conseguido los votos suficientes para alcanzar ninguno de los dos premios, estoy complacido por el hecho de haberme hallado en el grupo de los seleccionados, y haber revalidado la clasificación del pasado año. 

Gloria Giménez Carreras, autora de este microrrelato, logró merecidamente uno de los  galardones concedidos en este certamen.  

Se trata de un relato de una sensibilidad y emoción tal, que parece contarnos una vivencia personal, y quizás sea así. Espero que goce de vuestra aceptación. 

Al pie del árbol 
Tras el sufrimiento de tu grave operación y las posibles consecuencias que traería, he tenido que hacer un terrible esfuerzo al entrar en la UCI. Mi necesidad de notar tu respirar ha palidecido al encontrarte semiinconsciente, lleno de tubos y cables, conectado a las máquinas, tan indefenso, tan necesitado... Media hora es menos de un minuto cuando llega a su fin; pero es enormemente larga cuando debes superar tus propios sentimientos y miedos, para parecer alegre y positiva. Al transcurrir "toda" la media hora, nos dice:
- Deben marcharse para que descansen.
Al fondo del ancho pasillo, tras la ventana, asoma la copa de un árbol y te digo:
- Tengo que irme; pero recuerda que, al pie del árbol que hay en aquella ventana, estaré todo el tiempo que no pueda estar contigo. 
Cada visita de media hora, en la UCI, siempre me despido de la misma manera: 
- Recuerda que estoy al pie del árbol. 
Años más tarde, recordando con unos amigos aquella estancia en la UCI, te oigo decir: 
- Lo único que recuerdo de la UCI es el árbol de mi ventana.

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