Una nueva encrucijada me impele a hacer un nuevo giro a la derecha revelando una empinada cuesta que me lleva al puente del canal de Lodosa. Lo cruzo y sigo ascendiendo. Al llegar arriba me encuentro con una planicie donde se encuentran dos grandes cribas utilizadas para la selección de los áridos que se extraen en este pedregoso lugar. Un rótulo informa que es un sitio de adiestramiento de perros.
| El canal desde uno de los puentes |
Prosigo por una senda no muy bien definida hacia una pista que asciende a un cerro más alto. Unas geométricas pacas de paja componen un gigantesco tetris vegetal junto unos montones de estiércol. Ontinas y sisallos alternando con los cardos borriqueros conforman la flora de este pedregal.
| Pacas de paja junto al camino |
Llego a lo alto y me detengo para tomar resuello y contemplar el amplio panorama. Tudela y Fontellas en la hondonada con el Ebro poniendo límites a las Bardenas alineadas como telón de fondo. A mi espalda el Moncayo a medias intuído y los pueblos de Ablitas y Murchante delimitando el aeródromo militar del que acaba de despegar un avión con pintura de camuflaje. El ruido de sus motores rompe el suave ronroneo procedente de la autovía.
| El avión militar acaba de despegar |
Abandono la pista que se dirige a una huerta fotovoltáica y sigo por una confusa senda mal delimitada. Me he metido en un berenjenal. Estoy en un vertedero de materiales de construcción. Un nutrido grupo de palets conteniendo ladrillos cara vista, a mi juicio en muy buen estado, incluso tienen intacto el plástico que los envuelve. Trepo como puedo y llego a la cima de la escombrera. Las brillantes cintas de la autopista AP-68 ascienden a una pequeña loma para tomar impulso hacia Zaragoza. Se impone el descenso hasta el camino que discurre a los pies del alcor. Lo hago sin contratiempos. Junto a un montón de cascotes de desecho un letrero anuncia que el Ayuntamiento de Fontellas prohibe verter en este lugar basuras y escombros.
| La doble ese de la AP-68 |
Continúo por el camino, dejo a mi derecha las instalaciones del club de tenis Cerro Fontellas, cruzo el puente del canal y tuerzo a la izquierda para emprender el retorno por la orilla del mismo. La andadura ahora es muy cómoda y agradable. La temperatura excelente. Me alejo del canal e inicio el descenso hasta el camino que paralelamente a la autovía se dirige hacia la ciudad.
| Volviendo por la orilla del canal |
Cercano ya al barrio de Lourdes me alcanza por detrás, en bicicleta, un compañero de javierada. Charlamos un rato mientras caminamos y quedamos en vernos el próximo día de marcha. Me informa que él acudirá con la bicicleta porque no puede andar. Le comento el dolor que siento en el pie que se va acentuando después de casi tres horas de caminata. Nos despedimos y en un cuarto de hora, bordeando la Torre Monreal, llego a casa donde disfruto de una reparadora ducha antes de comer.