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domingo 22 de enero de 2012

Cerro de Fontellas

He salido de la ciudad por el camino que transita entre los I.E.S. Benjamín de Tudela y Valle del Ebro, dejando a mi izquierda las piscinas municipales y los campillos entre los que se encuentra el del C.D. Lourdes. El Moncayo, desparecida su cima en combate con las nubes, ha doblado la cerviz mostrándonos tan solo su falda verdinegra. Dejo atrás la A-68 pasando bajo el puente y tomo el camino que atravesando la vía verde del Tarazonica conduce hacia la finca Las Coronas. Sin llegar a ella abandono esta ruta girando a la izquierda avanzando entre unos campos roturados con las fauces abiertas esperando los gérmenes de la nueva cosecha, otros de alcachofas que tratan de erguirse tras el mazazo de las últimas heladas y alguno de alfarce con un verdor agresivo.

Una nueva encrucijada me impele a hacer un nuevo giro a la derecha revelando una empinada cuesta que me lleva al puente del canal de Lodosa. Lo cruzo y sigo ascendiendo. Al llegar arriba me encuentro con una planicie donde se encuentran dos grandes cribas utilizadas para la selección de los áridos que se extraen en este pedregoso lugar. Un rótulo informa que es un sitio de adiestramiento de perros.

El canal desde uno de los  puentes

Prosigo por una senda no muy bien definida hacia una pista que asciende a un cerro más alto. Unas geométricas pacas de paja componen un gigantesco tetris vegetal junto  unos montones de estiércol. Ontinas y sisallos alternando con los cardos borriqueros conforman la flora de este pedregal.

Pacas de paja junto al camino

Llego a lo alto y me detengo para tomar resuello y contemplar el amplio panorama. Tudela y Fontellas en la hondonada con el Ebro poniendo límites a las Bardenas alineadas como telón de fondo. A mi espalda el Moncayo a medias intuído y los pueblos de Ablitas y Murchante delimitando el aeródromo militar del que acaba de despegar un avión con pintura de camuflaje. El ruido de sus motores rompe el suave ronroneo procedente de la autovía.

El avión militar acaba de despegar

Abandono la pista que se dirige a una huerta fotovoltáica y sigo por una confusa senda mal delimitada. Me he metido en un berenjenal. Estoy en un vertedero de materiales de construcción. Un nutrido grupo de palets conteniendo ladrillos cara vista, a mi juicio en muy buen estado, incluso tienen intacto el plástico que los envuelve. Trepo como puedo y llego a la cima de la escombrera. Las brillantes cintas de la autopista AP-68 ascienden a una pequeña loma para tomar impulso hacia Zaragoza. Se impone el descenso hasta el camino que discurre a los pies del alcor. Lo hago sin contratiempos. Junto a un montón de cascotes de desecho un letrero anuncia que el Ayuntamiento de Fontellas prohibe verter en este lugar basuras y escombros.

La doble ese de la AP-68

Continúo por el camino, dejo a mi derecha las instalaciones del club de tenis Cerro Fontellas, cruzo el puente del canal y tuerzo a la izquierda para emprender el retorno por la orilla del mismo. La andadura ahora es muy cómoda y agradable. La temperatura excelente. Me alejo del canal e inicio el descenso hasta el camino que paralelamente a la autovía se dirige hacia la ciudad.

Volviendo por la orilla del canal

Cercano ya al barrio de Lourdes me alcanza por detrás, en bicicleta,  un compañero de javierada. Charlamos un rato mientras caminamos y quedamos en vernos el próximo día de marcha. Me informa que él acudirá con la bicicleta porque no puede andar. Le comento el dolor que siento en el pie que se va acentuando después de casi tres horas de caminata. Nos despedimos y en un cuarto de hora, bordeando la Torre Monreal, llego a casa donde disfruto de una reparadora ducha antes de comer.  

martes 17 de enero de 2012

Las tres vuelticas

Existía  en algunos pueblos de Navarra  la costumbre de que los ganaderos y agricultores, en la festividad de San Antonio Abad, dieran tres vueltas con sus animales y ganados alrededor de la iglesia o de la ermita. En Tudela se instalaba un cruz para esa ocasión en la esquina de la Plaza Nueva, junto a la puerta de la iglesia del antiguo hospital de Nuestra Señora de Gracia.

Esta práctica de colocar la cruz ya se realizaba a finales del siglo XIX y estuvo vigente hasta el año 1965 puesto que,  al desaparecer los animales de carga empleados en las labores agrícolas, había caído en desuso 

La Orden del Volatín revitalizó esta usanza encargando el año 2002 la construcción de una cruz de madera de similares características a la utilizada anteriormente.  A partir de entonces, todos los años durante la mañana y la tarde del día 17 de enero, fiesta de San Antón,  puede verse a numerosos tudelanos que, con sus animales domésticos y mascotas, dan las habituales tres vueltas en torno a la cruz. 


Niñas dando las vuelticas con su mascota


En una mesa cercana, se extiende un certificado al propietario del animal con este texto:
"La Orden del Volatín de Tudela, fiel servidora de mantener, recuperar, potenciar y mejorar las tradiciones navarras con especial hincapié en las de Tudela y de la Ribera Navarra, CERTIFICA que: el ... (Clase de animal) de nombre ...., ha sido llevado por su dueño/a, a la tradición viva que se mantiene en Tudela de Navarra de dar tres vueltas alrededor de la Santa Cruz como acto de protección y respeto de los animales en el día de la festividad de San Antonio Abad."

Caballistas después de dar las tres vueltas


El costumbrista escritor tudelano José María Iribarren publicó la siguiente anécdota sobre este rito en su libro De Pascuas a Ramos:

"...En Tudela sigue plantándose la Cruz de San Antón en la esquina de la Plaza de los Fueros, frente a la puerta de la iglesia del Hospital. Como en este mismo lugar se detenía el autobús que hace servicio entre Pamplona y Zaragoza, ocurrió, hace unos años, que un viajero aprovechó la detención para entrar a desayunar en un bar que hay en la misma rinconada.

- ¿Para qué ponen esa cruz? - le preguntó al dueño del establecimiento.

- Porque hoy es San Antón, y las caballerías vienen a dar tres vueltas alrededor de ella.

Al viajante le agradó que en Tudela se conservase una costumbre tan tradicional.
Cuando nuestro viajero terminaba su desayuno, el automóvil puso el motor en marcha y tocó la bocina. Temeroso de quedarse en tierra, el hombre se levantó apurado, dejó en el mostrador un pesetón, y salió a la plaza corriendo. Como el desayuno valía sólo 1,50 el dueño asomó a la puerta y le gritó:

- ¡Oiga, oiga; las vueltas; que se deja usted las vueltas! 
- ¡Las vueltas que las dé su padre! - respondió amostazado el viajante, suponiendo que el barman tudelano era un guasón que le invitaba a dar las vueltas en torno a la columna del Santo.

(El sucedido es rigurosamente histórico)
En el mismo Tudela y en Ablitas siguen sacando por las calles el llamado cerdo de San Antón, que luego rifan..." 

Hasta aquí lo escrito por Iribarren. Actualmente el bar citado ya no existe, el pesetón (dos pesetas) tampoco y el lechón de la rifa no sale por las calles, pero sigue sorteándose este mismo día un cochino entero ya preparado, es decir, convertido en morcillas, chorizos, jamones, papada, lomo etc. etc. todo completo, e incluso algunas partes envasadas al vacío. 


El cerdo del sorteo parece sonreír complacido

Aquí los sonrientes somos nosotros


Causa gran satisfacción ver cómo todavía siguen conservándose tradiciones inveteradas a pesar de haberse modificado las condiciones de vida y cómo han sabido adaptarse a las actuales circunstancias con el fin de mantenerse vigentes para regocijo y disfrute de grandes y chicos.




sábado 14 de enero de 2012

Cardete

El sol luce espectacularmente en esta espléndida mañana invernal incitándome a calzar las botas, tomar mi cámara fotográfica y marchar hacia algún emplazamiento cercano donde pueda dar rienda suelta a mis dos aficiones: caminar e incrementar mi archivo fotográfico. Tengo el pie lastimado por lo que decido subir al coche y situarme en algún punto fuera de la ciudad. Me inclino por la balsa de Cardete, ubicada apenas a dos kilómetros de Tudela y cercana al pueblo de Murchante. Accedo a ella por una buena pista agrícola después de abandonar la carretera de Tudela a Cintruénigo

Estaciono el vehículo junto a unos viveros en la orilla derecha del estanque y me dispongo a efectuar este pequeño recorrido de poco más de cinco kilómetros que lo circunda iniciándolo por el camino de la izquierda. Un poste con las rayas blanca y verde pintadas indica que se trata del SL NA-217.

Abundancia de carrizos y aneas

El piso es bueno y está seco. El dolor del pié se atenúa, se hace algo más llevadero al poco tiempo de comenzar la andadura. Una barrea de cañas a mi diestra me impide ver el agua aportada por el canal de Lodosa. Un dique, al que llego al poco tiempo, retiene el preciado líquido para el riego.  


Agua y carrizos

La estanca es una zona rica el carrizos, aneas, cañas y juncos, refugio de numerosas aves acuáticas y en la que abunda la pesca. La presa ha abierto un claro en la muralla vegetal dejando al descubierto una brillante y tersa lámina acuosa.

El dique deja ver el agua

En las orillas, donde hay menos profundidad, el carrizo conforma un cañaveral denso abrazando todo el perímetro de la laguna. Un pato levanta el vuelo hollando la superficie con refulgentes estrías. Al fondo la línea de la autopista se antepone al caserío del pueblo cercano que emerge de la bruma. En lontananza, vigilante, el Moncayo con su cima levemente nevada.

Murchante y detrás el Moncayo

Continúo mi paseo dejando a mi izquierda tierras en barbecho baldías. Más adelante el verdor de las alcachofas, achaparradas,  rompe la monotonía ocre de los campos. Se ve que están buenas, todavía no se han helado. Arribo al lugar donde el camino gira para rodear el embalse.  El pie torna a molestarme de nuevo. Resuelvo interrumpir el recorrido y volver por el mismo camino por el que he venido dando fin a mi periplo.

Alcahofas ante el polígono industrial

Llego a casa antes de lo previsto. Si este dolor persiste y no consigo darle solución voy a tener que desistir y olvidarme por ahora de la Javierada¡¡Ya me jode!!

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